CUENTO NAVIDEÑO "De cómo Panchito Mandefuá cenó con el Niño Jesús" (Parte II)



Cuento de José Rafael Pocaterra, (Valencia, 1888 - Montreal, 1955) Novelista, ensayista y poeta venezolano, considerado uno de los maestros del cuento venezolano del siglo XX.


SEGUNDA PARTE 

- Gua, tu trabajo. Al que trabaja se le paga, ¿no lo sabías?

Margarita entonces protestó vivamente:

- Me dan la comida, la ropa y una de las niñas me enseña, pero es muy brava.

-¿Qué te enseña?

- A leer… Yo sé leer,¿tú no sabes?
 
Y Panchito dijo orgulloso, aunque en el fondo aquello de leer no le parecía gran cosa:
- Uf, claro, sé leer de todo. Leo periódicos, revistas, los carteles que están pegados en las paredes y hasta libros. También sé vender billetes de lotería y gano para ir al circo y comer las arepas que me gustan.

- Está bien, pero yo no tengo dinero, y se me cayeron todos los dulces de la bandeja - dijo con tristeza la niña, bajando la cabecita enmarañada.

-¿Y cuánto botaste?

- ¡Uy, mucho dinero! - y le alargó un papelito sucio donde se veía lo que habían costado los dulces.

En el rostro de Panchito se dibujó una gran sonrisa, le quitó la bandeja a Margarita y dijo:
- ¡Espérate, no te muevas, ya vengo! - Y echó a correr.


Un cuarto de hora más tarde volvió:

- Mira: esto fue lo que se te cayó, ¿no es así?

Los ojitos de la niña brillaron y una sonrisa le iluminó la carita sucia. Estaba feliz.

- ¡Sí… eso!

Fue a tomar la bandeja, pero él la detuvo:

- ¡No! Yo tengo más fuerza, yo te la llevo.

- Es que es lejos - dijo tímida.

- ¡No importa!

Panchito le contó que él tampoco tenía familia, que le encantaba ver películas de detectives y que podrían comerse un dulce juntos.

- Yo tengo dinero, ¿sabes? - Y sacudió el bolsillo de su chaqueta, donde sonaron las monedas.

Y los dos pequeños se echaron a andar.

Apenas si se dieron cuenta de que llegaban, de tan entretenidos que iban comiendo dulce.

- Aquí es. Dame - dijo la niña.

Panchito le entregó la bandeja. Se quedaron viéndose a los ojos:

-¿Cómo te pago yo? - preguntó Margarita con tristeza tímida.

Panchito se puso colorado y balbuceó:

- Si me das un beso.

- ¡No, no! ¡Es malo!

- ¿Por qué?...

- Gua, porque sí…

Pero no era Panchito Mandefuá a quien se convencía con razones como ésta; y la sujetó por los hombros y le pegó un par de besos llenos de travesura y del dulce que compartían.

- ¡Mira que grito si me vuelves a besar! - dijo ella, roja como una rosa. De la emoción, por poco tira otra vez la dichosa bandeja llena de dulces.

- Ya está, pues, ya está. No te voy volver a besar - dijo Panchito.

De repente se abrió la puerta de la casa donde vivía Margarita. Un rostro de solterona fea y vieja apareció.

- Muy bonito. El par de vagabundos éstos! - dijo enojada la doña. El chico echó a correr. A su espalda, la señora regañaba a la niña mientras la metía a la casa.

- Pero Dios mío, ¡qué criaturas estas que no tienen edad y ya están pensando en darse besos!

Ahora le quedaba el dinero justo para el circo y para la cena. No le sobrarían más monedas para el día siguiente. Nada más le alcanzaría para la Nochebuena, y es que después de pagar los dulces de la niña… ¡Quién lo mandaba a estar ayudando a nadie!

Sin embargo, a pesar de la tristeza, de que no podría guardar para después, Panchito sentía una loca alegría interior. No olvidaba, en medio de su desastre financiero, los ojos mansos y tristes de Margarita. ¡Qué diablos! El día de gastar se gasta lo que hay que gastar, así de lo más archipetaquimandefuá.

A las nueve salió del circo. Iba pensando en el menú: hallacas, un juguito, un café con leche, tostadas de chicharrón, un pan de jamón. ¡Su famosa cena!

 Cuando cruzaba en una esquina, se escuchó un cornetazo brusco, un golpe de viento fuerte, y Panchito Mandefuá ya no estaba en la esquina dando un salto vivaz o siquiera en pie. No, Panchito ya no caminaba, ya no estaba ni siquiera en este mundo…

- ¿Qué pasó? ¿Qué pasó allí? - preguntaron unos transeúntes.

- Que un auto atropelló a un muchacho de la calle…

- ¿Quién?, ¿Cómo se llama?

- ¡No sé su nombre! - informó alguien -. Pero yo lo he visto, eso sí. Era un muchacho de esos que venden lotería.

En otra parte, lejos de allí, Panchito Mandefuá andaba con su chaqueta, ahora toda brillante, magnífica, como recién salida de la lavandería.

Se le veía feliz, sonriente.

¡Pero claro! Se había ido a cenar al cielo, invitado por el Niño Jesús.





Cuento de José Rafael Pocaterra. Insigne narrador venezolano. "De cómo Panchito Mandefuá cenó con el Niño Jesús" forma parte de su libro emblemático Cuentos grotescos. Este relato es un clásico dentro de la literatura venezolana.

Adaptación de: Fedosy Santaella. Puerto Cabello, Carabobo, 1970. Licenciado en Letras.  Premio Bienal Pocaterra en Narrativa. 2006.



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