LOS ACOMPAÑANTES DEL CAMINO

Quería escribir sobre los seres angélicos, sin embargo dentro de mis investigaciones lo que leía no concordaba con las experiencias que viví con estos seres especiales.

En momentos de mi andar, sus ayudas llenas de sutiles pero a la vez concretas asistencias en el mundo de las formas, me impulsaron, me enseñaron originando cambios en mi entorno, sin causar apegos, y mucho menos  acorralamientos, que me hicieran sentir su extrema presencia.

Ellos no están en el mundo etéreo, están entre nosotros favoreciendo nuestro avance, quizás en muchos momentos ese positivo encuentro no es haciendo lo que nosotros esperamos, sino afianzando la continuidad y respeto por las leyes Universales, primordial para fluir con la Voluntad Divina.

¿Cuántos encuentros fortuitos de un brazo o mano, que permite no caerte o levantarte si te hayas en el suelo? ¿O quizás te avisa de una situación para evitar un mal rato?, ¿o acaso también de una conversación llena de sabiduría, para que concluyas o resuelvas interrogantes que tu alocada cabeza, o emoción te mueve para desestabilizarte?
Y son seres que nunca nos hemos tropezado, sólo llegan para ese momento  y luego continuamos hasta otro momento glorioso como es tropezar con un rostro, un cuerpo lleno de gracia que te brinda con su acción el impulso para seguir.

A considerables personas les ha ocurrido esto en algún momento, y conscientes o inconscientemente cuando repasan en su memoria el día que transcurrió saben que este encuentro son los planes de la divinidad en su infinito amor, que les reafirma que nunca están solos, que lo constante es lo eterno.

HUELLAS EN LA ARENA

Una noche soñé, que caminaba a lo
largo de una playa acompañado por Dios.
Durante la caminata muchas escenas
de mi vida fueron proyectándose en la pantalla del cielo.

Según iba pasando cada una de estas
escenas notaba que unas huellas se formaban en la arena.


A veces aparecían dos pares de huellas, en otras solamente un par
de huellas. Esto me preocupo grandemente porque pude notar que
durante las escenas que reflejaban etapas tristes de mi vida; cuando
me hallaba sufriendo de angustia, penas o derrotas solamente podía
ver un par de huellas en la arena.


Entonces le dije a Dios:
“Señor tú me prometiste que si te seguía, tu caminarías siempre a mi
lado. Sin embargo he notado que en los momentos más difíciles de mi
vida solo había un par de huellas en la arena”.

“¿Por qué cuando más te necesitaba no estuviste caminando a mi lado?
El señor me respondió:
“las veces que has visto sólo un par de huellas en la arena, hijo mío,
ha sido cuando te he llevado en mis brazos

Anónimo

Cuando leí este escrito por primera vez comprendí que la soledad no existe.


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