CONVIVIR




Nos preguntamos continuamente el significado de la vida, recorremos,  pasamos por todo,  guerras, los antagonismos nacionales, los conflictos, entre otros,  lo más acertado es transitar por uno mismo. Saber cómo opera nuestro pensamiento y darnos cuenta en el ejercicio cuan alerta tenemos  que estar con nuestro pensar, mejor dicho con el enredo del  propio pensar, ante las respuestas, los sentimientos siendo cada día más consciente de ello. Lo llamaríamos conocerse en acción, en “la convivencia”.


Sabemos si hemos observado que la reacción depende de la realidad de uno mismo, no de los demás. Pero no tenemos tiempo, nos hemos comprometido en múltiples actividades, trabajo, hijos, pareja, estudios entre otras cosas  y para comprender algo, debemos tener atención plena, la resistencia la llamamos distracción, pero sabemos que si hay interés no hay distracción, es nuestra propia trampa. En lo más intimo hay resistencia  esa es la dificultad, ¿Realmente deseamos conocernos a nosotros mismos? Mientras la mente no esté quieta, callada, tranquila, receptiva, sensible no es posible comprender, tiene que existir tranquilidad en todo nuestro ser, una quietud integral.

¿Cómo realizamos esto en la convivencia?, como referimos en el primer párrafo, primero no hay nada que pueda vivir en el aislamiento, por lo tanto los aprendizajes surgen de las relaciones de vida,  segundo “la convivencia” no es distracción, sino un proceso donde se revela uno mismo.


La vida de relación será sólo estímulo, un entrenamiento, mientras nos sirvamos de los demás como medio de satisfacción propio, o como condición, para huir de nosotros mismos.  No podremos entender la convivencia, mientras nos valgamos de la mente en la relación con el otro, esto quiere decir el amor no es apego, ni  lucha, ni el antagonismo entre dos personas, la convivencia es un proceso en que uno se revela a sí mismo, y si en ese proceso uno actúa en forma profunda, amplia y extensa  entonces lograremos el conocimiento propio y por consiguiente la paz.

La convivencia sólo tiene verdadera significación cuando es un proceso de autodescubrimiento, cuando es el revelarse a uno mismo en la acción misma de convivir. Sí estamos sirviéndonos de esta para ocultar nuestra insuficiencia, dificultades, no estamos aprovechando la vida, ni la oportunidad de conocernos. Las relaciones serán siempre una tensión, dolor, disputa, altercado que nos sostiene en permanente zozobra. Si no entendemos nuestras relaciones con un individuo, de seguro no comprenderemos nuestras relaciones con la sociedad, y menos con el todo.

Sólo hay consciencia cuando hay vivencia.

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