JESSE OWENS



Recientemente fue estrenada  una película de un atleta norteamericano, que supo romper obstáculos  y brilló a pesar del racismo existente en su país y en los Juegos de Berlín de 1936, como del contexto mundial  en lo político, que se vivía para ese entonces, donde los conflictos presentes conducirían posteriormente a la Segunda Guerra Mundial.

Su exhibición fue tan impecable, rompiendo records  en su disciplina dos mundiales y uno  olímpico, que hizo dejar de lado por unos días al mundo  la delicada situación. Ese fue Jesse Owens.

Sin embargo en ese films  reflejo parcialmente la realidad que vivió este atleta, aquí algunas declaraciones de sus hijas:

Beverly Owens, hija de Jesse, asegura que "el racismo en Estados Unidos es rampante y siempre está encubierto, para ascender a la superficie de vez en cuando", afirma visiblemente afectada. "Y lo ves con mi padre. Si hubiera sido blanco, hubiera tenido un trabajo y toda la gloria que le correspondía. Ahora, también digo que ser negro te hace más fuerte y te ayuda a sobrevivir".

Es necesario reseñar para el entendimiento de la declaración de su hija Beverly,  que Jesse Owens  fue reconocido en diferentes partes del mundo, y este extraordinario  Atleta ni siquiera fue recibido por el Presidente de EEUU de la época, después de lograr para su país cuatro medallas de oro que para ese tiempo significó un beneficio extraordinario y digno de un ciudadano de dicha República.

Cuatro medallas de Oro para su país

Para Marlene su otra hija, su padre "siempre estuvo mejor valorado en Europa que en EEUU, siendo entonces lo que era y lo que es todavía", analiza. "Para alguien como mi padre, que se dejó el alma y el corazón en lo que hacía, es muy injusto. Pero mantuvo su cabeza alta y siguió con su vida, porque eso no iba a ser la totalidad de su existencia. Siempre digo que los Juegos Olímpicos es algo que hizo, no lo que él era en realidad".

Y continua expresando con emoción de su padre, "devoto de su familia, sus amigos y su país, pese a que no le apoyaran tanto". Es más, a su regreso le obligaron a entrar por la puerta de servicio del Waldorf Astoria, en Nueva York, a la que era una fiesta en su honor, y con el tiempo acabó condenado a correr carreras de exhibición contra caballos para ganarse la vida, a razón de 50 dólares por competición.

Otro momento que fue desvirtuado, fue el supuesto desprecio por parte de Hitler, el propio Jesse Owens desmintió que el Führer le hubiera vuelto públicamente la espalda: el atleta de color dijo que Hitler le había rendido un homenaje: "Cuando pase frente al Canciller (Hitler), se incorporó, me saludó con la mano y yo le devolví el saludo en la misma forma. Creo que los periodistas mostraron su mal gusto al criticar al hombre del momento en Alemania”
Owens era tan querido y popular para el pueblo alemán, que no tuvo descanso, después de la primera victoria, porque donde fuese tenía que dar autógrafos. Después de la victoria en los relevos, se vio obligado a cambiar de alojamiento para huir de la multitud de cazadores de autógrafos. Millares esperaban en fila del lado de afuera, en la Casa Bautzen en la Villa Olímpica. 

De hecho éste anécdota  se registró. Al principio, Jesse se sentía a gusto siendo tan popular, y de buen grado daba autógrafos a diestra y siniestra. Pero ya por el final de las competiciones, los músculos de su brazo derecho estaban quedando con calambres. Larry Snyder, su compañero de equipo tuvo miedo de que los calambres pudieran perjudicarle las piernas. Pidió la ayuda de Herb Fleming, otro compañero de color, con el cual era constantemente confundido. Jesse autorizó al otro atleta  para firmar autógrafos en su nombre.
 
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 Jesse, hijo de una numerosa familia de labradores, trabajó como vendedor de periódicos, empleado de una gasolinera y recadista mientras realizaba sus estudios primarios. A principios de la década de 1920, la familia Owens se unió a la gran emigración negra hacia el norte, afincándose en Cleveland.

Su profesor de gimnasia en la escuela, Charles Riley, se sintió interesado por el joven por su redndimiento, a quien traía el desayuno e invitaba a almorzar a su casa además de enseñarle a correr. En la secundaria, Jesse ganó 74 de las 79 carreras en las que compitió, batiendo asimismo el récord nacional de salto de longitud. Se matriculó en la Universidad Estatal de Ohio, donde obtuvo un empleo a tiempo completo mientras practicaba el atletismo.

Realizó su primera proeza en Michigan, en 1935, batiendo cinco records mundiales e igualando otro en menos de 90 minutos: completó las 100 yardas en 9,4 segundos; saltó 8,13 metros de longitud, récord que tardó veinticinco años en ser superado, y corrió las 220 yardas lisas en 20,3 segundos y las 220 yardas vallas en 22,6 segundos. Desde ese día se le conoció como el Antílope de Ébano.

En 1936, en Chicago, batió el récord mundial de los 100 metros lisos, rebajándolo hasta los 10,2 segundos. Participó en los Juegos Olímpicos de Berlín, en los que consiguió cuatro medallas de oro: en los 100 y los 200 metros lisos, en el salto longitud y en los relevos 4 x 100 metros.

 INCÓGNITA
La delegación americana fue invitada a Noruega y Suecia, sin embargo Jesse rehusó participar. No se consiguieron aún datos concretos sobre lo que ocurrió con él en éste período. La verdad es que él fue suspendido por la Asociación Atlética de los Estados Unidos, regresó a su patria, donde no fue recibido con banda de música, ni trompetas, ni homenajes; abandonó su curso universitario y firmó un contrato de— ¡director de conjunto musical! ¡Y nunca más compitió!!! Es muy raro todo eso. Uno de los mayores atletas de todos los tiempos, héroe celebrado por los alemanes e ignorado por su patria al volver. ¿No habrá sido justamente por eso que la prensa internacional lo ignoró? ¿Habría caído en desgracia? ¿Por indisciplina, al comienzo de las Olimpíadas, los dirigentes americanos retiraron de su delegación a los atletas Sam Stoller y Martín Glickman, los únicos judíos del equipo de pista y campo de los EEUU, que fueron substituidos por los negros Jesse Owens y Ralph Metcalfe en los relevos de 4 x 100. A partir de ahí predominó la tendencia de criticar al Comité Americano en la "Prensa Internacional", principalmente en los EE UU.

Finalmente ¿porqué  la molestia de un Gobernante que venció una olimpíada brillantemente, con 88 medallas, numero idéntico al conquistado EN CONJUNTO por los EEUU, Francia y Gran Bretaña, las tres mayores potencias de la época?. 

Jesse Owens, en el hospital enfermo de cáncer, antes de fallecer, dio la siguiente entrevista al Tampa Tribune del 01/IV/80, páginas 1 y 3-6: "Hitler no saludó ningún atleta más, pero fue después del pedido del presidente del COI. Que llegando de vuelta a los EE UU como gran campeón, no recibió ningún apretón de mano del presidente Roosevelt”.

REPORTAJE DE UN PERIÓDICO DE PORTO ALEGRE
El rotativo "Correio do Povo" de Porto Alegre, en su reportaje del 5 de agosto de 1936, nos cuenta lo que sucedió en Berlín el día 2 de agosto de 1936, primer día de competiciones:
"Hitler presenció parte de las pruebas en el estadio, se hizo presentar a los vencedores de las modalidades que acababa de presenciar desde la tribuna oficial. Felicitó personalmente a la Srta. Fleischer de Alemania, por su victoria en el lanzamiento de jabalina. El director deportivo, Von Tschammer Osten, presentarle también a las señoritas Kurgen, de Alemania, 2ª colocada, y Knasnievska de Polonia, la tercera colocada. Más tarde, Hitler saludaría personalmente a los tres finlandeses de los 10.000 metros; al alemán Woellke, vencedor de lanzamiento de peso, y los segundo y tercero respectivamente; el finlandés Baerlunde y el alemán Stoeck." "Después de esto, y antes de retirarse del estadio, de acuerdo con la información del Sr. K. C. Duncan, secretario general de la Asociación&n bsp; Olímpica Británica, — los miembros del Comité Olímpico Internacional solicitaron al Führer que se abstuviese de continuar saludando públicamente a los vencedores de cada prueba, concretamente Henri Baillet-Latour, que de acuerdo con el protocolo olímpico, un invitado de honor del comité olímpico no debería saludar a los vencedores. Esto sucedió antes de que CORNELIUS JOHNSON, (Y NO JESSE OWENS) atleta negro estadounidense, fuera laureado con medalla de oro en salto de altura." O sea a Hitler se le solicitó cumplir un "requerimiento protocolar", ciertamente que después del pedido del C. O. I. no hubo más saludos en público por parte del Führer durante todo el resto de la Olimpíada, ni para los negros ni para los blancos.

Jesse Owens murió de cáncer de pulmón el 31 de marzo de 1980, en Tucson, Arizona. Aunque las palabras de dolor, condolencia y admiración llegaron de todas partes del mundo,  el presidente Carter le definió: "Tal vez ningún atleta simbolizó mejor la lucha del hombre contra la tiranía, la pobreza y la intolerancia racial. Sus triunfos personales fueron el preludio de una carrera dedicada a ayudar a los demás. Su trabajo con los jóvenes atletas, como embajador no oficial en el extranjero, y portavoz de la libertad son un rico legado a sus conciudadanos”.

En 1996 dieciseis años después de su muerte, la comunidad se reunió con familiares de Jesse Owens y realizaron iniciativa para solicitar un merecido homenaje a este atleta con motivo de las Olimpiadas de Atlanta, logrando se construyera un museo en su nombre, la antorcha olímpica y una figura en su nombre.



Realmente la historia de este gran deportista demuestra que se sobrepuso a todas las barreras de un sistema plagado de exclusión, donde aspectos como  la política, lo social, entre otros ámbitos mostraban murallas difíciles de derribar, sin embargo expuso con hechos, que cuando se está claro en el propósito se logra transcender, por más difícil que se encuentre el contexto. Owens fue reconocido por el mundo y todavía recordado por su entereza y fuerza.


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