LA NIÑEZ ERA MAS SILENCIO, SIN SER CONSCIENTES



“Dices que quieres deshacerte del ruido,
pero tú y el ruido van juntos.
Tienes que ser tú sin "ti" y todo el ruido se detendrá.
El verdadero Tú es el interno testigo sin forma.
La persona, el ruidoso, es solamente imaginado.
Reconocer esto es Libertad.”
 Mooji- 6 de junio de 2015




Cuando somos niños se expresa alegría, el tiempo no existe y el espacio sólo es terreno que nos permite hacer, jugamos, reímos, fluimos, nos sorprendemos ante una flor por su color, su aroma, los animales los amamos pequeños o muy grandes, sin juicio, nos acercamos sin temor, sentimos amor. En ocasiones pasamos a mirar el cielo viendo formas en las nubes, en las noches encantándonos con las estrellas unas más grandes que otras pero miles que tratamos de contar hasta los números que hemos aprendido, sin embargo eso no es importante, es la sensación de esa cobija de luces, con esas bellezas con cola que se mueven sorprendiéndonos en su rapidez y con la sensación de que eres parte de ese mundo.

Nuestros amiguitos son muchos así sean tres o cuatro, con ellos vibramos en emociones nos peleamos (que sólo duran segundos) para continuar creando, inventando lo que entendemos nuevo y el disfrute es nuestro estandarte, esencia de ese centro que nos lleva a sostener la felicidad.

Más adelante comienza el ruido, donde se hace forma en el orgullo, la competencia, la mentira que nos hace mascaras para generar representaciones que nos llevaran asumir enfoques, frenando lentamente la “felicidad constante” de ese inicio de vida llamada niñez.

Desaparecen los amigos imaginarios, nos olvidamos de manifestaciones dévicas, las cuales le ponemos en la lógica y le decimos sueños, fantasías de nuestra época infantil, negamos las experiencias metafísicas para agregar más ruido que nos separa de la sustancia.

Entramos en el mundo de la forma, lo separativo, comienzan los deseos en medio de la ilusión o maya y el ruido comienza  aturdir, unos nos seguimos llenando de eso que creemos vida aumentando el ensordecedor ruido, pero nos quedamos allí producto del miedo paralizante pues sólo creemos que es lo que existe. 

Otros nos sentimos en caos, algunos nos comenzamos a considerar vacíos entre tanto que nos rodea, cuestionamos, buscamos salida, emprendemos el retorno, disfrutando lo más posible el camino… hasta encontrar “el testigo sin forma” tal como lo expresa el maestro Mooji.
 
Eso me recuerda a un Gran maestro que vino hace más de 2000 años, donde expresó: “Dejen que los niños vengan a mí, no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. En verdad les digo que quien no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”   
(Lucas 18:16-17)


Nuestro despertar de ese niño interno será nuestro mayor aliado para acompañarnos en el recorrido.

Reconoce el silencio natural de tu propio Ser.
El silencio no es una conducta.
El silencio no es una práctica.
Es el perfume natural de ser.
Tratar de estar quieto no es quietud.
Encuentra esa quietud dentro, que simplemente Es.
No hay nadie para practicarla.
Solo puede ser reconocida.
Está aquí.
No se está escondiendo.
No está apurada.
Simplemente deja de identificarte con el pasado, el futuro y el presente
o con cualquier auto-imagen.
Está abierto a no ser nada.
Nada. Así internamente eres simplemente como un espacio.
Pero esto no es un espacio inerte, sino un espacio lleno de vivacidad.
Aun así, no te definas a ti mismo como vivacidad.
No te definas a ti mismo en absoluto.
Simplemente permanece en Auto-consciencia natural.
Mooji
Junio 8, 2015


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