AQUILES NAZOA... en mi recuerdo.

Tenía como 3 años, recuerdo de manera muy fugaz cuando en el canal de televisión del Estado aparecía un hombre peculiar, bien vestido, peinado algo abrillantado y su acompañante particular “el abanico”, sentado en un escritorio, varios libros a los lados, creo que también un globo terráqueo, hablaba de manera singular, tenia una narrativa extraordinaria…queridos lectores era Aquiles Nazoa, nuestro poeta. 
Aquiles Nazoa nació en Caracas en la barriada del Guarataro en la parroquia San Juan,  en vida sólo tengo ese hermoso recuerdo de un programa llamado “Las cosas más sencillas”, luego cuando crecí comencé a conocer su literatura, que es rica en belleza, fantasía, un toque de inocencia que nos lleva al humor y amor, como se titula una compilación de sus poemas publicado en los años 70, escribía desde lo cotidiano, costumbrista por excelencia, filosofaba sobre la vida, con ironía, burla, leer a Aquiles es viajar por su mundo.
Por cuestiones de estudios me uní a un grupo que lo bautizamos con su nombre, conocimos la casa donde nació, declamamos sus poemas, en las lecturas de sus escritos reíamos, rememoramos nuestras costumbres, nuestras palabras autóctonas.
Y hoy escribo esto,  como una apología de cuando agregué a nuestro Aquiles en la página de los poetas, pues no sabía cual escrito agregar, pues tardé días leyendo, leyendo, leyendo, uno más hermoso que el otro, sin embargo tuve que cerrar los ojos y tomarlos al azar.
Donde estés amado Aquiles quiero decirte que me disculpes si no puse lo que tu querrías, pues para mi son todos estrellas que brillan en la eternidad, gracias por tus obras, “Caperucita Roja criolla”, “El burro flautista”,  “Pan y Circo”, “Vida privada de las muñecas de trapo”  y tu maravilloso Credo que no puedo dejar pasar por alto.



CREDO - Aquiles Nazoa
"Creo en Pablo Picasso, Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra;
creo en Charlie Chaplin, hijo de las violetas y de los ratones,
que fue crucificado, muerto y sepultado por el tiempo ,
pero que cada día resucita en el corazón de los hombres,
creo en el amor y en el arte como vías hacia el disfrute de la vida perdurable,
creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa,
creo en la cualidad aérea del ser humano,
configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatiéndose
como una purísima paloma herida bajo el cielo del mediterráneo;
creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente
debajo de la almohada de mi niñez;
creo en la fábula de Orfeo, creo en el sortilegio de la música,
yo que en las horas de mi angustia ví al conjuro de la Pavana de Fauré,
salir liberada y radiante de la dulce Eurídice del infierno de mi alma,
creo en Rainer María Rilken héroe de la lucha del hombre por la belleza,
que sacrificó su vida por el acto de cortar una rosa para una mujer,
creo en las flores que brotaron del cadáver adolescente de Ofelia,
creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar;
creo en un barco esbelto y distantísimo
que salió hace un siglo al encuentro de la aurora;
su capitán Lord Byron, al cinto la espada de los arcángeles,
junto a sus sienes un resplandor de estrellas,
creo en el perro de Ulises,
en el gato risueño de Alicia en el país de las maravillas,
en el loro de Robinson Crusoe,
creo en los ratoncitos que tiraron del coche de la Cenicienta,
el beralfiro, el caballo de Rolando,
y en las abejas que laboran en su colmena dentro del corazón de Martín Tinajero,
creo en la amistad como el invento más bello del hombre,
creo en los poderes creadores del pueblo,
creo en la poesía y en fin,
creo en mí mismo, puesto que sé que alguien me ama..."

¡Hasta siempre Aquiles!

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