COSMOVISIÓN

Pintor Amazónico Pablo Amaringo
Dentro de nuestros pueblos originarios existe la oralidad sobre su manera de ver el mundo,  lo cual lo han denomina mito, pero sus características están dentro de una realidad central, esto nos permite llevar a disentir la denominación de estos relatos, pues no son basados en cosas inexistentes.

En su mayoría, los tradiciones de guaraníes, tobas, quechuas, mapuches, diaguitas, comechingones, tehuelches y onas tienen como objetivo expresar las cosmovisiones que perduran en el universo metafísico de la historia de nuestro territorio. Estos relatos transmiten saberes, actitudes, costumbres, pautas, transgresiones y sanciones.

La estructura de la narrativa  se define a partir de una situación conflictiva localizada en el tiempo y en el espacio, se desarrolla una memoria en la cual se encuentra comprometido el personaje central, que puede ser  humano, animal, vegetal, sobrenatural o un elemento de la naturaleza. Para lograr resolver el conflicto se apela a símbolos culturales compartidos por los componentes de esa cultura, se vinculan estrechamente con el medio de vida de la población.

En las leyendas de los pueblos guerreros predominan los relatos heroicos; en los agricultores, las historias sobre los cultivos,  los fenómenos atmosféricos como la lluvia y en los pueblos pescadores las leyendas del mar.

 A continuación 2 hermosos relatos:


El regalo del cardón

Cardón Florecido
Hace mucho tiempo, aunque ya se practicaba la agricultura en los valles, la vida seguía siendo dura en los cerros y las punas, porque allí los pastorcitos sufrían la sed cuando marchaban tras sus rebaños.
Uno de esos pastorcitos se había enamorado de una joven como el pero hija del curaca, el jefe de la comunidad. Cada vez que regresaba a la aldea-después de una larga jornada en los cerros-, la saludaba desde lejos; y ella le sonreía, le sonreía...El curaca no quería ni oir del amor entre jóvenes. Soñaba con otro destino para su hija (Seguro el hijo de otro jefe), y odiaba al pastorcito. Quizás esa prohibición los acerco. El chico, un día, junto coraje y le hablo: la quería con todo su alma y no se resignaba a vivir sin ella. La joven también le confeso sus sentimientos, y, sabiendo de antemano la oposición que encontrarían, escaparon hacia la montaña.
A la mañana siguiente, muy temprano, cuando el muchacho debió marchar con los animales y el grupo de pastores, sus compañeros notaron su falta, pero partieron igual. Rato después, el jefe se levanto para iniciar la labor del día. Advirtió la ausencia de su hija y se sorprendió, porque ella nunca faltaba a esa hora. Algo malicio porque despacho un chaski al cerro para saber si el pastorcito había marchado con las llamas. ¡Y no le cupo duda! Convoco entonces a sus guerreros para salir en busca de los enamorados, apresarlos y darles su merecido.
Los jóvenes sospecharon que el airado curaca andaría tras ellos. Llevaban horas de delantera, pero conocían la firmeza y la capacidad del jefe y sus guerreros. Apelaron entonces a la Pachamama, la Madre de los Cerros, la protectora de los cultivos de maíz y de quinoa, la que ampara siempre a quienes le manifiestan su respeto. En lo mas alto del cerro cavaron un hoyito, depositaron en el los alimentos que llevaban y los cubrieron con piedras; allí mismo hicieron una apacheta, uno de estos altares a cielo abierto que en plena montaña reverenciaban a la madre generosa. Y cuando la apacheta había tomado forma y el curaca y sus guerreros trepaban la cuesta acercándose a los fugitivos, la apacheta se abrió como un manto protector y recogió en su regazo a los dos enamorados.
El airado jefe y sus hombres llegaron jadeantes a la cumbre, pero solo encontraron una apacheta recién hecha ¡Y ni rastros de los fugitivos! Tuvieron que volver a la aldea, y cuando el curaca finalmente se resigno, junto a la apacheta broto una nueva planta, hasta entonces desconocida, que en la sequedad de esas alturas formo un tronco grueso, espinudo, alto y recto y con sus brazos al cielo: ¡era el pastorcito convertido en cardon, agradeciendo para siempre a la Pachamama! Desde entonces, los que marchan por el cerro solo tienen que voltear un cardón para encontrar, en su esponjosa y jugosa madera que parece de papel, el agua que saciara la sed de hombres y animales.
Y cuando las nubes se amontonan y las montañas resuenan con el trueno que anuncia la tormenta, sobre el pecho verde del cardón nace una flor blanca para anunciar la lluvia que bendecirá la tierra: es ella, la enamorada, convertida en flor por la Pachamama.


La quena

A esta especie de flauta americana se la construye actualmente de caña, aunque antiguamente podía ser también de hueso, arcilla o metal. La típica quena incaica era de veinte centímetros de largo y construída del hueso de la pata de la llama. Las quenas de los pueblos de la Puna están hechas de la canilla del cóndor o del guanaco. Llevan seis agujeros en línea recta, en la parte anterior.

Quenas de madera
La leyenda cuenta que en remotos tiempos, las vírgenes del sol recogían la lana suave de la vicuña para tejer los mantos sagrados. Se reunían e iban en grupos a los mercados indígenas y allí elegían los más hermosos vellones. A una de estas visitas fue también la hija del gran curaca. Caminaban por un sendero que se extendía por pequeñas lomadas antes de llegar a destino. De pronto, desde un altozano, llegó el sonido de una flauta que sólo la hija del curaca oía. ´Se detuvo la jovencita y luego, como en sueños, caminó lentamente hacia el tañedor de esa flauta misteriosa. Era un pastor de llamas, que mientras pacían tranquilamente sus animales, hacía sonar su 
instrumento. Se enamoraron, porque los dos se presentían en sus silencios. Pero la diferencia social que existía entre los dos hacía difícil los encuentros, y sólo se veían cuando él la llamaba con su flauta, tocando aquella canción que ella escuchó por primera vez. Una tarde la ñusta no llegó al lugar de los encuentros. El pastor hizo sonar muchas veces su flauta llamándola, pero en vano: los crepúsculos morían en la soledad de los cerros. Y con la duda del olvido en su pecho, bajó al pueblo para averiguar la causa de la ausencia. La aldea se hallaba de fiesta. Y ¡oh! ¡Sorpresa! La mujer que él amaba se casaba con el hijo del curaca del pueblo vecino, enemigo del padre de la muchacha. Había llegado el novio con su séquito de guerra y de abundantes regalos. Los pobladores miraban asombrados todas aquellas riquezas, pero con indiferencia. Cuando buscaron a la novia para que recibiera al acaudalado caballero, no la encontraron. Había desaparecido como si Pachamama la hubiera tragado. En vano la buscaron todos. Se pensó que el padre no quería casarla con el hijo de su enemigo. Entonces hubo amenazas y el pueblo que amaba a su Señor, se volcó por senderos y lugares mas escondidos en busca de la novia. Llegaron hasta las aldeas más apartadas y no la hallaron. Y una tarde, la encontraron muerta en el lugar donde siempre se reunían con el pastor de llamas. Pasó el tiempo sobre una tumba que todas las mañanas se veía cubierta de flores silvestres, pero un día la hallaron profanada. El pastor, enloquecido, había sacado de los restos de la ñusta el hueso de una pierna y huyó para la soledad de los timos. Y con él hizo una flauta que sonaba más dulce que ninguna. Y todos los atardeceres, sentado ante la inmensidad de las cumbres, tocaba su flauta como en los tiempos idos, llamando a la mujer que no olvidaba. Por eso dicen que la quena es tan suave y melancólica, porque nació del dolor del amor.

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