LA MÚSICA

 Los que gustamos de escuchar música siempre tenemos ese espacio confortable, donde nos sentamos o acostamos frente a un equipo de sonido nítido, en nuestros momentos de ocio colocamos piezas de nuestro gusto, una voz como Sara Brightman  interpretando Pie Jesu (Réquiem Mass de Andrew Lloyd Webber) , ó quizás Antonella Ruggiero interpretando una parte  Kyrie Eleison (Réquiem de Mozart), o simplemente escuchar clásicos como Sonata para piano y violonchelo n.º 1 en fa mayor,  Romanza n.º 2 para violín y orquesta en fa mayor de L Van Beethoven , Sinfonía No. 5 de Gustav Mahler,  ó quizás unas menos clásicas como El tao del Amor de Vangelis,  Entre el cielo y  la tierra de Kitaro, realizamos recorridos entre la instrumentación, los acordes logrando que nuestros pensamientos y emociones  se aquieten, en ocasiones nos dejamos llevar entre el espacio y el tiempo entrando a esferas más sublimes que nos despegan a ese universo armonioso de la interpretación.

La música majestuosa, gloriosa, prodigiosa transformadora, los que la crean son seres de una sensibilidad  extraordinaria, que llegan a separarse de lo que le rodea,  trayendo desde las órbitas universales y su interno piezas que dejan como dádiva al mundo.
Músicas eternas que no mueren en el tiempo, que han permitido ser usadas para equilibrio emocional, para sanación a nivel psicológico, psicomotriz, orgánico y energético.  

En una oportunidad producto de circunstancias laborales, asistí a un concierto  el director de la sinfónica en su ejecución (que fue extraordinaria) noté que a medida que lograba la perfecta armonía de la pieza sus cabellos se elevaban, llegando a quedar completamente parados, al finalizar el evento conversé con ese afamado director de orquesta Sinfónica, le pregunté -¿Qué sentía el cuándo estaba conduciendo una composición?- A lo cual respondió:  <explicarlo en palabras es muy difícil, lo intentaré,  alcanzar que cada instrumento se convierta en uno para lograr la armonía, dando a los presentes pureza de esa pieza es la plenitud de cada uno de los músicos que componemos esa orquesta, es lograr que todos seamos un solo cuerpo.>
Después de ese episodio y mi experiencia con la música, concluyo, que realmente la música es comunión con lo sublime, lo puro, excelso de eso que algunos llamamos espíritu.
La música alimento para el alma...

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